Pirámides de té

Buscamos esos momentos casi sin quererlo, buscamos esos momentos de paz que nos da un ritual muchas veces seguido, para algunos preparar el café o preparar el té, para otros rutinas que no tienen que ver con la cocina o los alimentos, pero en todos los casos son momentos en los que uno se encuentra con uno mismo, al menos por unos momentos.

En mi caso, y a pesar de preparar té de hebras varias veces al día, mi ritual es a primera hora de la mañana con la preparación del mate, lo tomo en calabaza, amargo, de la manera tradicional en el centro y sur de la Argentina. Llevo muchos años haciéndolo, casi treinta, y cuando no lo sigo por viajes o por el motivo que sea, siento que me falta algo, que mi día no está completo.

Los orientales (por generalizar) son los maestros en este tipo de ritos, que no hacen más que enaltecer la figura del té y lo que significa prepararlo y beberlo más allá de la simple infusión, del sabor y del aroma.

Pero como siempre en el mundo occidental y su velocidad apreciamos todo en su conjunto, somos capaces de discernirlo, de entenderlo, pero no de practicarlo. Es lógico, es otra cultura, pero sí somos capaces de apreciar y de practicar la parte más terrenal o menos romántica del té, su sabor su color, somos capaces de identificar su calidad, y de beberlo con asiduidad.

Nuestros paladares se refinan poco a poco dentro del mundo del té y nos volvemos más exigentes, muy atrás quedaron esos años en los que el té era en bolsitas y solo en bolsitas. Cada vez se consume más té en hebras, y cada vez somos más capaces de diferenciar un té de calidad de uno que no lo es, y eso nos lleva a elegir ya nos solo por el tipo de té sino por su origen y luego por su calidad al beberlo, su intensidad, su color, su aroma.

Cuando vamos a un restaurante o a un bar y pedimos té, y vemos que nos traen infusor o filtro, sabemos que el primer paso hacia beber un buen té lo tenemos dado, sabemos que el té es en hebras lo que garantiza que la hoja del té no está molida, que en el momento de hidratarse nuevamente con el agua caliente aumentará su volumen y tendrá espacio para hacerlo liberando todas sus propiedades.

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Pero volviendo al mundo occidental y sus velocidades, es lógico que este ritual resulte en muchos casos, poco práctico. Para eso se inventaron las pirámides de té cuyo origen está en Japón. Estas pirámides de tres lados permiten a las hojas de té expandirse de la misma manera que en un infusor o filtro aprovechando todas sus características y de alguna manera (aunque inventada por los japoneses) poder beber té de calidad en cualquier sitio de una manera práctica.

Este sistema ha sido adoptado rápidamente en hostelería,
y por aquellos que viajamos sin querer renunciar a una buena taza de té, y por aquellos que saltan de la cama en el último instante antes de comenzar el día a toda prisa, y hasta en lugares más o menos públicos como oficinas.

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En definitiva, las pirámides aportan practicidad al consumo de té sin renunciar a la calidad.

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