Dulces sueños

Anoche la luna estaba dorada, no de ese blanco níveo que contrasta con el negro azulado del cielo, dorada.

Lo sé porque caminé bastante anoche. Me gusta esa expresión, la usaba mi madre cuando mi padre deambulaba por la casa a oscuras, con sus proyectos y sus ideas locas en la cabeza que no lo dejaban dormir. Anoche yo también caminé bastante.

Suelo, cuando camino por la casa a oscuras, salir a la terraza para saber cómo huele la noche, si huele a hierba y rocío, al calor del día, a mar, a humedad en el aire. Anoche olía a verano. Me gusta porque parece que el tiempo pasa más despacio en la oscuridad, en el silencio.

Pero suele entrarme el sueño rápidamente y otra vez a la cama a acurrucarme junto a mi mujer. Pero anoche lo intenté dos veces, y no lograba conciliar el sueño. Pensé en lo que había cenado y  no había nada extraño, en lo que había comido y tampoco, incluso no había tomado café en todo el día (algo extraño en mí).

Té dulces sueños

Al fin, y después de abrir la nevera unas diez veces buscando esa combinación de alimentos que provocara el sueño repentino sin encontrarla, se me ocurrió que podía perfectamente probar con un té. Claro que no es un gran descubrimiento, pero nunca he necesitado más que un paseíllo a oscuras para volver a conciliar el sueño, y después de cenar sí que suelo tomar algún té, pero suelen ser infusiones de frutas. Me resulta muy agradable ese sabor en la boca antes de ir a la cama.

Entonces allí estaba yo pensando en un té relajante delante de todas las latas de mi mujer, en la penumbra mientras el agua se calentaba, y me encuentro con una lata que dice “dulces sueños”, no leí que hierbas contenía, el nombre lo decía todo. Me preparé mi tazón con mucha azúcar, al infusionar olía bien y estaba claro que nunca lo había probado.

Me acomodé en la hamaca de la terraza y bebí mirando la luna. Me despertó un gorrión insolente que desde la barandilla piaba con todas sus fuerzas, el sol estaba a punto de salir y todavía se veía alguna estrella. Nunca me había pasado, me había dormido sin ser consciente del momento, me estiré y fui a acurrucarme junto a mi mujer, los domingos se duerme hasta tarde.

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