Energía para volver a la rutina

Esta mañana hablaba con un amigo mientras él viajaba solo en el coche una burrada de kilómetros. Está acostumbrado y le gusta viajar, y los vuelos últimamente no están todo lo baratos que uno quisiera. En definitiva le resultaba más rentable meterse todos esos kilómetros en el cuerpo antes que volar.

Para aquellos que hemos viajado tropecientas horas en coche, sabemos que llega un momento en que ni el paisaje, ni el acento del locutor de la radio local por donde estemos pasando, ni toda la música que puedan acumular los equipos de música modernos resultan entretenidos.

En el caso de mi amigo, tiene tantas cosa en que pensar, y de las que discutir a voz en cuello consigo mismo que debe resultar un viaje no del todo aburrido. Y por supuesto, la mitad de las horas las pasa al teléfono (manos libres de por medio).

Hoy me decía con voz de quien ve la luz a un palmo de distancia, que estaba deseando que terminara el verano. ¿Extraño no?

Para nada. Para mucha gente, volver a la rutina resulta una bendición, para mi amigo dentro de su vida caótica de viajes y problemas y decisiones importantes volver aunque sea un poco y dentro de casa a las rutinas conocidas son una salvación.

De eso hablábamos esta mañana, con el runrún de la carretera detrás. Vivimos a unos doscientos kilómetros que para ninguno de los dos resulta mucho pero que al final debemos planificar cuando hacerlos para hacer coincidir tiempos. Nos veremos la semana que viene.

Os preguntaréis que tiene que ver todo esto con los tés. Simple.

Él necesita energía para llevar el tren de vida que lleva, yo para volver a la rutina con un espíritu más o menos animoso, y la verdad que a mí no me hace tanta gracia volver a la rutina. Mi empujoncito es durante al menos el primer mes preocuparme seriamente por estar a la altura de las circunstancias y eso significa alimentarse bien.

En cuanto a infusiones energizantes, cuando empiezo la rutina voy variando entre el té negro con guaraná y el té negro pakistaní. Este último porque me gusta mucho desde siempre, pero el té negro con guaraná tiene ese toque exótico muy brasilero que me llama.

Para el que no lo sepa la planta de guaraná es originaria de la amazonia, es muy estimulante y muy consumida en Brasil de todas las maneras imaginables. En muchas mañanas soporíferas de septiembre, este té es mi salvación.

Ánimo a todos para empezar el año lectivo con energía. Suelo pensar que la vuelta al cole de los adultos muchas veces resulta más dura que la de los pequeños.

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